Noticias de TV Azteca
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?Es correcto: después de Oumuamua y Borisov, este nuevo cometa, recién descubierto por el sistema ATLAS, viaja a velocidades récord y, según los informes, presenta una composición inusual, con detecciones sorprendentes de CO2 y hielo vaporizado que desconciertan a los expertos.?
?También se confirma que será uno de los cometas que pase más cerca de la Tierra, aproximadamente a unos 500.000 kilómetros de distancia.?
??No se preocupen!Los expertos dicen que solo hay menos del 1% de probabilidad de que se estrelle a nuestro planeta?
Exclamó sonriendo tranquilamente a los espectadores, mientras aparecen imágenes del cometa visto desde algún puesto de astronomía.
Las imágenes muestran captando al cometa que brilla sutilmente en tonos azules por la sublimación de gases exóticos. Alrededor, una coma esférica y difusa de gas y polvo se expande como una aureola brillante, midiendo cientos de millas de kilómetros, con vetas azuladas intensas que reflejan la luz solar más azul que el Sol mismo cerca del perihelio. Una cola delgada y curvada se extiende varias decenas de millas de kilómetros, hecha de partículas ionizadas que brillan en azul eléctrico contra el fondo estrellado, como un chorro de plasma cósmico. El fondo es puro vacío, con estrellas puntuales y quizás Marte o Saturno como puntos lejanos, enfatizando la soledad interestelar del cometa.
Después de un minuto pasando varias imágenes del cometa vuelven a emitir a los presentadores
?Y recuerden su punto más cercano a la tierra será éste 29 de diciembre del 2025 a lo 8:34 pm México centro, ahora si pueden ver los horarios en las pantallas de los distintos estados de la republica mexicana.............?
?Y ahora seguimos con los deportes.....?
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Varias partes de México
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?Oye, mi cielo, ?vamos a Chapultepec la semana que viene a ver el cometa por la noche??
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??Claro, bebé! ?Llevo lo perdona??
"?Si!"
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Mientras tanto, en otro rincón de la ciudad:
?Mamá, ?eso es el meteorito??, exclamó el ni?o, se?alando un punto azul pálido que comenzaba a destacarse en el cielo del atardecer.
?Sí, mi vida, pero dicen que es un cometa, no un meteorito?, aclaró la madre con paciencia.
??Y cuál es la diferencia??
La madre guardó silencio por un momento, buscando las palabras adecuadas. ?...?
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En una plaza cercana, dos mujeres conversaban con creciente preocupación:
?Dicen que si se va a impactar en la Tierra, los millonarios de Estados Unidos ya se están empezando a metiendo en sus búnkeres secretos?, comentó una.
?Tiene razón comadre, fíjese que últimamente han aparecido videos de supermercados vacíos. Se llevaron toda la comida enlatada, el agua y hasta los productos de higiene?, a?adió la otra, sacudiendo la cabeza.
??En serio, comadre? Entonces nosotras también deberíamos empezar a juntar comida, no vaya a ser que pase algo...?
La primera mujer se persignó y propuso: ?Esta noche nos juntamos todas a rezar el rosario pará pedirle a Dios que desvíe el cometa y perdir por nuestras familias comadre?. La otra, de mediana edad, también se santiguó, con un gesto de resignación y fe.
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Cerca de allí, un joven bien vestido, de aspecto pulcro y con un reloj digital de marca, se acercó a su acompa?ante con una sonrisa segura:
??Qué tal si tú y yo vemos el cometa desde el balcón de mi departamento? ?Qué dices??
Ella lo miró con curiosidad, titubeando un instante antes de responder:
?Mmm... no lo sé... tal vez... ?me llevarás a cenar??
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Desde cualquier rincón del hemisferio de norteamerica en un cielo despejado un prado susurrante, una colina solitaria o una playa besada por las olas, el cometa comienza como un suave susurro estelar en el vasto cielo nocturno que se asemejaba un mar de estrellas, comenzando un punto de luz tenue que danza lento entre las constelaciones eternas, como un peque?o secreto del cosmos que el universo confía solo a los so?adores. Semanas antes, su brillo es un velo sutil, un azul etéreo que ti?e el crepúsculo de promesas invisibles, creciendo como un latido distante hasta rivalizar con Venus, la diosa del atardecer. Su coma se despliega como un halo de seda celeste, una bola nebulosa que pulsa con vida propia, irradiando un resplandor azul profundo que crece al pasar las semanas y evoca océanos olvidados en las estrellas, mientras su cola se estira como un río de luz curvado por vientos invisibles, barriendo el firmamento con gracia infinita, extendiéndose como los brazos de un amante que abraza la noche.
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29 de diciembre
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En las pantallas de televisores y celulares a lo largo de México, Usa y parte de Canadá, la propaganda de los gobiernos de ésas naciones fluía como un río incesante de promesas: las entrevistas y debates sobré 3I/ATLAS de canales como Televisa o CNN siempre terminaba proclamando "?No te pierdas el Cometa Azul 3I/ATLAS! El visitante interestelar del siglo, un espectáculo visual que unirá a miles de familias bajo el cielo estrellado.
Desde las playas de Cancún hasta las monta?as de Colorado, se preparaban para una noche mágica en familia.
?Equipa tus binoculares y únete a la fiesta del universo!". Anuncios patrocinados por marcas de telescopios y apps de astronomía inundaban las redes, con gráficos brillantes que pintaban el cometa como un heraldo de unidad y maravilla, invitando a todos a salir y compartir el momento fugaz.
La población mexicana y norteamericana se preparaba con el mismo fervor que para un eclipse solar, transformando el evento en una celebración colectiva de lo efímero. En ciudades como Ciudad de México o Los ángeles, amigos se reunían en azoteas urbanas, armados con termos de café y mantas, riendo mientras ajustaban apps de rastreo estelar en sus teléfonos. Parejas se escapaban a parques oscuros en Guadalajara o Nueva York, entrelazando manos bajo la brisa nocturna, susurrando sue?os mientras el cielo se oscurecía, convirtiendo el cometa en un telón de fondo romántico para besos robados y promesas eternas. Familias enteras, desde Tijuana hasta Chicago, organizaban picnics nocturnos: abuelos qué contaban leyendas e historias a los ni?os como la vez que derrotaron a un diablo en el cerro, madres preparaban bocadillos tradicionales como tacos o hot dogs, y padres instalaban telescopios caseros en patios traseros, creando nidos de calidez humana contra la inmensidad fría del cosmos. En las playas de Baja California o las llanuras de Texas, grupos multiculturales se congregaban alrededor de fogatas, compartiendo binoculares y mantas, uniendo a extra?os en una danza temporal de asombro compartido, donde el cometa se convertía en un lazo invisible que tejía recuerdos fugaces entre seres queridos, un momento de paz pura bajo el hermoso velo estrellado.
Y entonces, en el pico de esa belleza efímera, el incidente irrumpía como un susurro traicionero del destino: el cometa, resplandeciente en su azul etéreo, se fragmentaba en el cielo, liberando una cascada de estrellas fugaces que transformaba la noche en una nebulosa viva de luz cobalto, más hermosa de lo previsto, asombrando a las multitudes con su esplendor inesperado. Familias se abrazaban en éxtasis, personas solitarias levantaban la vista con ojos maravillados, y científicos - reunidos en observatorios de Monterrey o Arizona, con instrumentos calibrados y datos en mano - se desconciertaban en silencio, sus predicciones de una trayectoria estable derrumbándose ante la anomalía impredecible. Nadie, ni los astrónomos con sus ecuaciones ni las almas comunes bajo el firmamento, anticipaba las consecuencias que se avecinaban, ese velo de maná que pronto alteraría el mundo más allá de la mera contemplación.
Ese fue el comienzo del fin.
Y el inicio de una nueva era.

