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Capítulo 5: El Corazón Hecho Piedra (El Asesinato de la Inocencia)

  A pesar de que mi existencia se volvió invisible, el olvido también me transformó. La ni?a curiosa, la "Flor de Fuego", se estaba convirtiendo en las espinas.

  Las puertas de mi cuarto se abrieron de golpe, rompiendo mi sue?o.

  —?Papá, papá! —dije, despertando.

  —?Hey, hey! Deja de acercarte —ordenó Yusuf, su voz cortante.

  —Está bien. ?Qué pasa, papá?

  —Prepara tus cosas —dijo, seco.

  —?Adónde? —pregunté, sintiendo un atisbo de emoción infantil.

  —?SOLO VE POR TUS COSAS, AHORA! —gritó.

  —Sí, padre.

  Fui a recoger mis ropas, mis juguetes, mi mundo. Mi padre me miraba con las manos cruzadas, sus ojos fríos como el hielo.

  —Listo, listo, papá.

  —Bien. Siervas, quiten todo.

  Las siervas entraron, y mi cuarto se convirtió en un caos.

  —?Qué está pasando, papá? ?Me podrías decir? ?Vamos a ir a un lugar? ?Al jardín, o iremos a un reino? ?Por qué? —pregunté, curiosa y emocionada.

  —?TE PUEDES CALLAR! Me tienes harto.

  —Perdón, no quise…

  —A veces pienso que no debí amarte, sino a tu hermana. Vamos.

  Me agarró del brazo con fuerza. —?Auch! Mi brazo, papá.

  Mi padre me llevó a un cuarto grande.

  —Entra —ordenó.

  —?Wow! Es lindo, papá —dije, admirando la amplitud del lugar.

  —Ahora será tus aposentos.

  —Gracias, pa…

  Yusuf me interrumpió, cerrando la puerta con un golpe seco, dejándome sola.

  El cuarto donde viví mi infancia ahora era de mi hermana. Las siervas se apresuraron a tirar mis sábanas y a vaciarlo todo, para luego decorarlo para Selene: cortinas rosadas, una cama suave, colores de fantasía. Mientras que mi nuevo aposento era hermoso, sí, pero vasto y frío: adornos reales, cortinas rojas, una pared dorada… Era una jaula de oro.

  Aunque todos me olvidaban, había alguien que me quería: la cocinera real, Amat. Una mujer de setenta a?os, sabia, con el corazón más bondadoso. Ella era como mi madre.

  —Lizarel, ?a qué viniste, Princesa? —preguntó Amat, suavemente.

  —A quedarme aquí. Nadie quiere jugar conmigo. Parece que todos me olvidaron.

  —Princesa, nadie la ha olvidado. Hice este postre.

  —Es pastel con higos —dije, sonriendo, el primer rayo de sol que veía en días.

  —Sí. Come, peque?a.

  —Gracias.

  Amat era mi refugio. En donde no había luz, había esperanza en ella. Ella fue más que una cocinera; fue mi verdadera amiga.

  Pasaron los días. Mi madre estaba cada vez más absorta en mi hermana. Yo las espiaba de lejos, sintiendo el vacío. Pero cuando no había nadie…

  —Selene, hola.

  —Da, da, da…

  —Da, da. Di mamá, mamá.

  Lo más lindo que recuerdo, nunca lo olvidaré: mi hermana de un a?o, aún sin hablar, hizo un esfuerzo.

  —?Lizarel!

  —?Qué dijiste? ?Dilo, hermanita!

  —Lizarel.

  Yo estaba feliz, la cargué. Ella había dicho mi nombre.

  —?Sí!

  —?LIZAREL! —el grito de mi padre me heló la sangre.

  —Papá… —dije, sintiendo el miedo familiar.

  Mi padre entró furioso, arrebatándome a mi hermana.

  —Hija, ya calma, sí, calma. ?VETE, LIZAREL!

  —Papá, no le hice nada, solo…

  —?CáLLATE! ?VETE!

  Mi madre llegó. —?Qué está pasando? Selene, ?qué le hiciste, Lizarel?

  —Nada, nada, mamá, yo…

  Un golpe me hizo caer de vuelta al piso. Entendí que mis padres que alguna vez me amaron, ahora me odiaban.

  Stolen from its original source, this story is not meant to be on Amazon; report any sightings.

  —?SABES QUE ERES UNA VILLANA! ?Vete, o quieres que te dé [más]? ?Escúchame, ALéJATE, VILLANA! ?VETE!

  Solo aguanté mis lágrimas y corrí, mi corazón hecho a?icos.

  Siete a?os después. Yo ya tenía diez a?os. Crecí aislada de todos, pero me sentía feliz porque no tenía que soportar falsas sonrisas o amigos sin amor.

  En la Sala del Trono:

  —?Por qué tarda tanto Lizarel? —preguntó Yusuf.

  —Tranquilo, amor. Ella va a aparecer —dijo Ishtare, sin preocupación.

  —Hermana, toma —dijo Selene, ofreciéndome una golosina.

  —Ahm —dije.

  —No le des, ella no te merece —dijo mi padre.

  Cuando terminaba de comer, me iba, dejando atrás a la "familia perfecta". Mi único consuelo era Amat, pero los días se volvieron oscuros: Amat enfermó y falleció. Su vacío fue enorme. Me encerré en mis aposentos, comiendo solo para sobrevivir.

  —Puedo ver que este palacio era cálido, y ahora es frío —canté, con desesperación—. Nací para sufrir, pero no quiero sentir esta maldad. Yo quiero ser amada. ?Por qué, dioses, me dejaron? Quiero ser feliz, aunque sea un poco…

  —Es mejor ir a ver escrituras —murmuré.

  En la biblioteca: vi una guía para ser sacerdotisa y líder, una escritura que me fascinó. Empecé a leerla todos los días hasta terminarla.

  —?BOOOO! —gritó Selene.

  —?Ahhhhhhhhh! —grité, asustada.

  —?Por fin te espanté! —dijo Selene, feliz.

  —Oye, ?qué te pasa? ?Por Dagón, mi corazón! —dije.

  —Lo hice porque sí, jajaja.

  —Que sea la última vez, ?sí, hermanita?

  —Sí. Sabes que te quiero y te admiro.

  Selene me abrazó con fuerza. Cuando me decía eso, yo solo podía fingir fortaleza.

  —Oye, debes irte.

  —?Por qué? Yo quiero estar contigo.

  —No. Sabes bien que nuestros padres no quieren que estemos juntas.

  La puerta de las escrituras se abrió con un sonido fuerte.

  —Es… ?es papá! —dije, sintiendo el pánico.

  —?Qué hacemos?

  —Ve con papá. Yo… adiós.

  Corrí a esconderme. Si mi padre me veía, me golpeaba y me castigaba peor.

  —Hija, ?qué haces aquí en este lugar? —preguntó Yusuf a Selene.

  —Ehm, nada, solo viendo.

  —Ya veo, mi peque?a. Vamos, mamá nos espera a pasear al jardín.

  —Sí, vamos.

  Al ver su emoción, recordé cuando mi padre me decía eso. Pero ya no.

  No me rendí. Empecé a aprender arco y flecha y espadas.

  —Princesa, ?qué hace por aquí? —preguntó el comandante Kher.

  —Vine a aprender.

  —Pero Princesa, no es para usted. Es para hombres. Sus padres se pueden…

  —No tengo padres y ?calla! Quiero aprender.

  —Como diga, Princesa.

  —Agarraré esto. No te incomoda.

  —No, pero es difícil calcular la puntería.

  —?No ha escuchado que si no aprendes a perder, puedes ser un fracasado? Es mejor perder, porque en la vida te pondrá a prueba. Así que lo voy a hacer.

  Me puse en posición, respiré hondo y solté la flecha.

  —?Por los dioses! ?Usted es buena! Le dio en la puntería —exclamó Kher.

  —Aprendí, ?no? Quiero aprender a usar las espadas. ?Vamos!

  Aprendí rápido. En mi corazón, aún tenía la esperanza de que mi padre me quisiera por eso.

  En la Sala del Trono.

  —Tardaste, comandante. ?Qué pasó? —dijo Yusuf.

  —Tarde por algo. Usted tiene alguien con una capacidad increíble. Es su hija Lizarel. Vino a pedirme que le ense?ara a usar espadas y flechas. Su hija es ágil. Es muy buena.

  —?En serio? —dijo Yusuf, fingiendo sorpresa.

  —Ahora vengo —dijo, y salió con el rostro duro.

  Yo estaba en mis aposentos, acariciando a mi gato, Dagón.

  —Dagón, qué lindo tu pelo. Mi lindo…

  —?Lizarel! —dijo mi padre, entrando.

  Me sentí feliz, creyendo que me felicitaría.

  —?Cómo te atreviste a pedirle a mi comandante Kher que te ense?ara a pelear, ?eh? ?Dime!

  —Es que me gusta y…

  —Así. No sé cómo eres capaz de hacer ese atrevimiento.

  —Papá, yo…

  Yusuf me dio una bofetada tan fuerte que caí.

  —?ERES UNA VILLANA! ?SINVERGüENZA! ?IDIOTA! —gritó con furia.

  —?Por favor, perdón! No quise… —lloré.

  —?CáLLATE! Pero vas a aprender, insolente.

  Mi padre agarró a mi gato.

  —Para que APRENDAS —dijo, con una voz cargada de maldad pura.

  —?No, papá, no, no! —rogué, llorando con clemencia.

  Mi padre, el hombre que amé, había agarrado a mi amigo leal. Ese amigo que me cuidó ahora sería la víctima de su ira.

  Yusuf se llevó al gato a la terraza e hizo un acto indescriptible, un acto de absoluta crueldad.

  —?NO! ?DAGóN! —grité, corriendo a la terraza, viendo el acto de horror.

  —Espero que aprendas.

  Mi padre había asesinado a mi gato. Corrí al jardín. Mi amigo ya no era más que un cuerpo frío y sin vida, dejando una mancha roja en la tierra. El corazón se me partió. Mi última esperanza, mi única luz, se había ido.

  —?Da, Dagón, no, no, Dagón, escúchame! ?Por qué, Dagón? —sólo pude cargar el cuerpo, llorando con el alma rota.

  —Hija, vamos a… —dijo Ishtare, llegando con Selene.

  —?Lizarel, hermana!

  A pesar de mi dolor, solo pude odiar a mi madre.

  —Lizarel, él es Dagón. ?Qué, qué le pasó?

  —?Aún lo preguntas? Tu esposo es un asesino, Reina —dije, con mi voz cargada de rabia y lágrimas.

  —No puedes decirle eso enfrente de tu hermana.

  —Haz lo que te parezca mejor, porque yo, no quiero saber más de ti. Con su permiso —dije, dándoles la espalda.

  Desde ese momento, empecé a odiar a mi madre. Llevé el cuerpo de Dagón a mi cuarto, lo cubrí con la manta que me había hecho mi abuela y lo puse en una almohada. Lloré su funeral. En la madrugada, caminé hasta el jardín, excavé con cuidado y lo enterré, plantando una semilla sobre su tumba. Regresé a mi cuarto, y me quedé allí, sumida en el dolor.

  Días después, yo solo me quede sin ganas de comer hasta que...

  —?Dónde está Lizarel? Ya pasaron días. ?DEBE VENIR AQUí!

  —Calma, amor.

  Yusuf vino a mis aposentos. Me abrazaba a la manta de Dagón.

  —SIGUES HACIéNDOTE LA VíCTIMA, ?eh? Levántate ya. ?No vas a venir!

  —?DéJAME! ?DéJAME YA! —grité, llorando.

  —?Vas a comer, AHORA!

  Me llevó a la sala cargando mientras yo seguía recordando sobre Dagón.

  —Siéntate, ?YA!

  —Hermana… —dijo Selene.

  —?Come, YA!

  Comí para que no me castigara.

  —Ahora vas a estar con tu madre para que te diga que aprendas a bailar. En unos a?os tendrás que casarte.

  —Pero tengo diez a?os…

  —Sí, pero la edad suficiente.

  —?Y yo, papi? —preguntó Selene.

  —Tú podrás elegir a quien quieras, hija, sí.

  —?Pero por qué ella sí y yo no puedo?

  —Eres la mayor. Primero te casas tú, y ella después. Vayan al Harén para que aprenda.

  —Pues bien, vamos Selene. Vamos, Lizarel.

  Empecé a aprender a bailar con elegancia, a ser una Reina, no por gusto, sino por obligación tendría que bailar para que cuando creciera y me casara tendría que hacerlo para complacer mi marido.

  Cinco a?os después. Ya tenía quince a?os.

  Selene y yo jugábamos un momento en la piscina solo en vez en cuando, pero era la mejor lo admito...

  —?Yo gané, Lizarel! ?Dónde vas?

  —Después —dije, con frialdad.

  —Te digo algo. Ahora que crecimos un poco, te ves más linda. Quiero ser como tú, hermana.

  —Adiós —dije, yéndome.

  Había crecido. Era tan hermosa como mi madre, pero mi belleza era gélida.

  Sí, soy yo, Lizarel, con quince a?os. Lista para lo que viene. El fuego de la "Flor de Fuego" se había apagado. Solo quedaban cenizas, frías y duras. Y yo... yo ya no era más una princesa. Pero sabrás lo que te diré más adelante.

  ?Gracias por leer 'El Corazón Hecho Piedra'! Fue un capítulo muy sorprendente para Lirazel.

  Si te ha gustado, por favor, ayúdame a que más gente descubra la historia:

  1. Deja un VOTO (Like) en el capítulo.

  2. Comenta tus impresiones. ?Qué crees que pasará ahora con Selene?

  3. ?Sigue la novela para que Royal Road te avise cuando suba el Capítulo 6!

  ?Nos vemos en la próxima actualización!

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