últimamente el verano se ensa?a en lluvias torrenciales. Decir que solo inunda las calles es pecar de insensatez. Las nubes se ocultan tras la luz del sol por la ma?ana, apenas los marineros experimentados sienten el cosquilleo del viento en la nariz cuando se dejan venir toneladas de granizo pesado que hunde los barcos en alta mar. En la ciudad, el servicio meteorológico del clima se desentendió de todo el asunto y se confinó a puerta cerrada calculando únicamente montones de tonterías para la prensa.
No todos nos abandonaron. Eminencias que pronosticaban con solo saborear el viento usando la punta de la lengua regresaron de su retiro, pero burlándose de su bondad, las divinidades juegan. Los días soleados se vuelven negros, los áridos cae granizo, los días de viento son más secos que el Sáhara y, los días siguientes las pobres almas que pronostican mal terminan con la cabeza gacha rindiendo cuentas. Nosotros simples mortales, incapaces de distinguir una nube negra de las sábanas grises y esponjosas que adornan el cielo, estamos sujetos a la suerte de sus videncias. El único acontecimiento que cualquiera es capaz de predecir con certeza son las peque?as gotas de lluvia que caen diariamente desde principios de enero.
El infierno sobre la tierra. Seis de cada diez ni?os mueren por ola de calor en el estado de Baja California.
La noche del pasado viernes se divisó en el Golfo de México la ebullición de la costa marina. Durante al menos una hora el mar burbujeante hirvió a todas las criaturas marinas del Golfo en un perímetro de 10 kilómetros a la redonda. Cincuenta barcos pesqueros quedaron atrapados y su motor cedió por completo.
"La turbulencia observada es muy inusual y drástica, merece atención inmediata de agencias marinas e industriales especializadas. Con este fenómeno perdimos aproximadamente el 98% de las especies de coral mexicano", declaró Ferire Herv?r, activista e investigadora noruega del coral marino.
Este a?o se estima que la cifra de calor extremo rompa el récord histórico.
En otras noticias, múltiples países latinoamericanos y europeos se declaran en bancarrota hídrica...
— Ferire Herv?r... — En un nombre que sabe extra?o en la boca y, pertenece a una mujer igual de extra?a.
Es hermosa aún teniendo muchas cicatrices en su cuerpo. Si así lo quisiera viviría cómodamente dentro la farándula siendo agobiada por reporteros de cuando en cuando; podría ser la esposa de algún famoso similar a Rodrigo Santoro o si bien no aspira a la vanidad heredaría el puesto burocrático de sus padres. Contrariamente, Ferire Herv?r escogió trabajar siendo activista en México. De verdad no entiendo la necesidad de los ricos en meterse a lugares peligrosos.
—?Aran! ???Aran Cano!!! ??Dónde rayos te metiste?!
Mi jefe gritó desde el mostrador de la carnicería como si estuviera loco pero, de hecho lo está. El hombre abusa de su demencia para causar lástima en los clientes, gracias a eso, no ha quebrado el negocio si bien el precio de la carne se ha disparado por los cielos.
—?Cano, acaba de pasar un hombre como los que te gustan!— Hice caso omiso de los comentarios impertinentes que suelta de repente cerca de la clientela masculina.
Muchas mujeres compran retazos y vísceras adobadas que puedan permitirse para alimentar a sus esposos e hijos. Otras varias han enloquecido de verdad por este maldito calor. No he de negar la cara bonita de mi jefe que le ha valido la estabilidad financiera a la carnicería; sin embargo, hay que estar loco de remate para excitarse por alguien tan inútil como el paraguas de una bebida tropical, además, ?sepa Dios cómo sobrevive este hombre cuando nadie está cerca!. El séquito de mujeres casadas que lo persigue en vez de asustarse por sus gritos de loco y sus dientes careados parece estar determinado a vivir su monster romance con él. Ugh
Terminé de seccionar 9 kg de espaldilla que vendrán a recoger ma?ana a las 7:00 am cuando mi jefe medio escondido detrás de la puerta se asomó.
—???CANO!!!! ??Por qué no me contestas Aran Cano?!
—Estaba seccionando la espaldilla con la sierra de cinta y era peligroso distraerme.
—??Cómo vas a cortar la carne con una cinta?! ?La amarras fuerte y la rega?as hasta que se parta, por qué harías eso, te has vuelto loca?
Hice el mejor esfuerzo que pude al contener mi risa pero no pude evitar sonreír involuntariamente por más que apretara los labios—Usted me dió esta tarea porque la se?ora Bertha pasará ma?ana temprano por la espaldilla seccionada.
—Oh- hay que cerrar temprano, quiero regresar a casa.
—Bien, ya casi termino de guardar la carne de los exhibidores. Solo limpiaré la maquinaría, trapearé la sangre de los refrigeradores y podremos irnos.— Tendí un banco junto a la televisión, mi jefe cambió a su canal favorito de música y se sentó tranquilo. Respiré el aire compacto con hedor a sangre congelada y lo solté en un suspiro. Es realmente agotador trabajar lo de diez personas y recibir la paga de solo dos.
Mi jefe no está tan loco como aparenta, creo que es su escudo para afrontar con simplicidad las dificultades de un mundo que no consciente las enfermedades discapacitantes. Desde hace unos a?os soy su única compa?ía y contacto de emergencia. Durante sus momentos lúcidos me dió a entender que su familia lo abandonó junto con este negocio cuando le dieron su diagnóstico, y si me lo preguntas, quien quiera que lo haya abandonado a su suerte con las finanzas de este lugar es un ojete.
—Interesante condesa, le obsequio una frabullosa frambuesa que derrama gotas traviesas al cielo turquesa...
Le he tomado cari?o a los desfiguros que intenciona para incluirme en sus desvaríos del mismo modo me ha tomado la confianza suficiente para bromear sobre su enfermedad.
— ...?canta perro, canta como un loro!
A veces es un fastidio. —... ... ... Y yo que no soy más que un mar de dudas, que sola con mis sombras me tropiezo. Te canto como un pájaro en la bruma...
El jefe no dejaba de reírse y pronunciar rimas extra?as que no tenían nada que ver con sus canciones favoritas hasta que llamó mi atención espontáneamente.
—Herv?r canta como un paaajaroooo en la luuuna~~
Voltee la mirada hacia la tele. Una mujer conocida de cabello plateado luce un vestido vermillion metálico en el canal cuarenta. De no ser por el leve movimiento de sus dedos parecería un cuerpo estático hecho de mármol calacatta sentado frente a un instrumento compuesto por platos solapados en cristal. Para mi sorpresa la musa hace girar sonidos fascinantes producidos por ese vejestorio hecho de trastes. Van, vienen, ?rebotan!, golpean las paredes, entran por una oreja, salen por la otra y vuelven a rebotar. Puede que esté susceptible por la llovizna nocturna pero el espacio se llena de tristeza con cada nota.
—Hoy es el día de Ferire Herv?r.— Declaré mientras me quitaba la ropa llena de sangre, para mi mala suerte el jefe volteó en ese instante.
— ?Gorda! ?gorda! ?GORda!
Antes de que pudiese rega?arlo, por obra del karma instantáneo, un rayo negro y peludo atravesó la puerta principal haciendo vibrar los vidrios. La aberración cromosómica de un lobo con lo que parece un galgo inglés salió volando hacia mi jefe y lamió con desespero su cara ahogando su risa en saliva.
— ?Pingo! Pingo quítate de encima, ?ostias!, ya te pareces el due?o de la carnicería.—. El perro no dejaba de lamer la cara del jefe.
Pingo se escurría cada que el jefe quería agarrarlo, permaneciendo espectadora de la escena mi piel se calentó por un choque de adrenalina que me erizó la piel. El perro alzó las orejas monitoreando el entorno. Su rápida reacción lo llevó de un salto frente a nosotros mirando en dirección de la entrada principal más allá del mostrador. Un rayo retumbó ahogando la melodía de Ferire. En silencio algo apareció. Pingo esponjó su pelo cual gato asustado y mostró sus colmillos de lobo lanzando advertencias a la nada, mi jefe apagó la tele y se acercó a mi. No veo nada en ningún lado pero es evidente la persistente incomodidad que pesa sobre nosotros.
Stolen story; please report.
Los sonidos que viajaban ligeros ahora se están viciando en sensaciones mortificantes tan densas como una gelatina.
Un minuto,
dos,
tres...
La amenaza desistió antes de saber qué era, mas no pretendo cuestionar la gracia que se me concedió en virtud de la ignorancia. Los dos machos aún congelados en su sitio no pusieron resistencia cuando los arrastré fuera del local. No di lugar a réplicas. Me llevé un juego de cuchillos en pro de defendernos si acaso volviéramos a encarar la amenaza desconocida.
El choque de calor asfixiante que nos recibió en contraste con el clima fresco de la carnicería me abrió los poros y empa?ó mis lentes, fue tan intenso que mi jefe azotó como res en el piso y aunque quisiera levantarse se movía como borracho que no encuentra el suelo. El perro intentó entrar de nuevo pero me encargue de azotar la puerta para evitarlo. Estaba luchando contra los candados y un perro que no soltaba las cadenas para asegurar el local cuando mi jefe habló.
—Vamos a tu casa Aran—. Pensé que yo era la única nerviosa, de alguna forma me calmó el hecho de que quien nunca pide favores personales esté necesitado de compa?ía en esta situación tan inquietante.
Creo que Pingo entró en razón porque a pesar de su apariencia de pez globo por el susto, dejó de forcejear conmigo al escuchar estas palabras y soltó las cadenas. Siendo el ni?o travieso que es se lanzó a los charcos del suelo saltando sobre ellos como si fuera a cazar un enorme tiburón. Corría y regresaba, saltaba de un lado a otro invitándonos a jugar, mi jefe aceptó gustoso la propuesta pateando bellotas; sin duda Pingo las alcanzaba más rápido de lo que eran pateadas. Lideré el camino para no esperar bajo la llovizna sofocante mientras los dos jugaban tras de mí pateando bellotas.
El trayecto fue demasiado corto para mi gusto. Lo cual habría estado bien de no ser porque no quería llegar; el día anterior pronosticaron un día cálido y perfecto para tender la ropa. Héctor Vilchis ya llevaba cuatro aciertos seguidos y sentí que apostar por él sería como comprar un boleto ganador de lotería.
Dieron las doce del día, mi ropa estaría seca.
273.
Dieron las cuatro de la tarde y mi jefe decidió que cerráramos temprano.
273 1... ...?premio mayor! ?Premio mayor!
En cuanto toqué la caja registradora para contar el dinero cayó un tormentón.
Se abrieron las puertas del local y se esparcieron un montón de hojas mojadas en la sala de espera de la carnicería, el lodo manchó el piso blanco y mi maravillosa idea de trapear cuanto antes me valió un azotón que mi jefe subió a TikTok para la posteridad. Juro por dios que cobraré cada centavo que monetice por ese video, al fin y al cabo, en mi contrato nunca mencionó que monetizaría con mi dignidad.
No quería llegar a casa. La humillación de ver mis tenderos llenos de calzones rotos y cubiertos de hojas era más desalentador que los comentarios más votados del video viral después alcanzar millones de visualizaciones. Hundida en mis pensamientos Pingo arremetió contra la parte trasera de mis rodillas y caí al suelo mojado, iba a estallar en furia cuando noté que habíamos llegado a la entrada de la casa.
Mi jefe me dejó tirada en el piso y buscó las llaves en las bolsas de mi pantalón de mezclilla sin ninguna delicadeza, al tener entre abierta la puerta Pingo aceleró su velocidad. Empujó la puerta. Saltó de lleno en el sofá estampando sus huellas en la tela; solo mi sillón y yo sabemos cuántas veces intenté limpiar esas manchas que no salen con ningún tipo de detergente, hasta parece que se despinta el perro. Ya se hallaban las suficientes para que pareciera un modelo fuera de serie. Muchos amigos míos envidiaron el decorado de huellas coquetas, recibí múltiples ofertas y un sin fin de oportunidades de rentar el sillón por lo cual dejé de sentir pena y empecé a ver el lado bueno que traen consigo los amigos problemáticos; llegado este punto me negué rotundamente a venderlo alegando que no era mío sino de Pingo. Intentaron negociar directamente con él ofreciendo tesoros dignos de un sultán canino pero este les gru?ía cual perro de pelea, a todos menos al jefe y a mi.
—Jefe vaya a cambiarse a la habitación de invitados que está a la izquierda. Prepararé la cena y lo llamo cuando esté lista.
Asintió obediente y en silencio como si hubiese sido una orden.
Pasó a ba?arse y aproveché para preparar primero la comida de Pingo. Saqué un gran trozo de carne de caballo, partí la porción de Pingo, le puse unas patas de pollo y un poco de arroz. Vi el plato y me sentí mal de que estuviera crudo, aunque el perro no le diera importancia sellé la carne en el sartén. Pingo ya salivaba por el olor al momento que se?aló su plato con la pata, me dejé llevar por su buen entendimiento y subestimé al muy ingrato que no esperó a servirle la comida, al reclinarme hacia enfrente me golpeó con su cabeza en las costillas para tirarme el plato.
—?Tú perro desagradecido!
En ese instante, mi jefe salió ba?ado de la habitación usando una de mis pijamas que fácilmente pasa por ropa deportiva común. Se me amargó un poco la boca el no poder burlarme de este hombre al que le queda bien todo.
Se sentó en la mesa y comenzó a comer conmigo. Tomó los cubiertos con una reverencia modesta y tragó el primer bocado casi sin masticar, llegué a pensar que no le gustaba la machaca con huevo por lo callado que estaba hasta que vi su tez reclinada al espanto, seguía asustado por lo que sea que haya aparecido en la carnicería. Yo tuve la fortuna de no verlo pero tal vez él no corrió con la misma suerte, desvió la mirada con preocupación cuando notó que lo seguía observando. Es de mal augurio que alguien tan alegre se ponga serio.
—?Jefe quiere dormir en mi habitación?
Me miró con desconfianza, no es como si le hubiera propuesto tener un trío con el perro. Después de lanzarme miradas juzgonas y yo regresarle miradas con una ceja alzada entendió que lo había dicho por su estado de ánimo y pronto relajó el cuerpo soltando una carcajada estruendosa. Sí, así está mejor.
No puede echarme para atrás porque salió corriendo a mi cuarto y saltó sobre la cama, Pingo lo siguió disparado tras él como una bala. Miré asomada atrás de la pared el desastre provocado por mi buena voluntad. El jefe tomó las patas delanteras de Pingo y saltaron en una danza circular trazando ruedas con sus pasos.
— Do?a blanca, está cubierta, con pilares de oro y plata~~~ ...?romperemos un pilar para ver a do?a Blanca!
Abracé la pared resignada al ver como volaban pelos y se destendían las cobijas. Sin más remedio arrastré los pies con pesadez hacia el cuarto de lavado para descolgar mi ropa.
Seguía lloviendo. Las telas de mezclilla pesaban cuatro veces lo de su peso normal.— ?Maldita sea, si veo a ese conductor del clima de aventaré las babas de Pingo!— Después de un largo día se me había acabado la carne, no tenía ropa seca y mi jefe estaba saltando en mi cama. Metí mi ropa en la lavadora unos cuantos ciclos más con la esperanza de que amaneciera moderadamente seca. Al cabo de unas horas por fin pude ir a la recámara para dormir. Llegando un cuadro peculiar se extendía por casi toda la cama, ellos encima del otro enlazados en una lucha por el espacio disponible; ese par de ingratos me hicieron lugar en las patas de Pingo. Al acostarme soltaron la tensión muscular y descansamos ajenos a todo pensamiento de lo ocurrido durante el día.
En la ventana de la sala unos ojos nos vigilan.
Estoy en un sue?o, caminado a lo largo del sendero natural de un manglar boscoso, pétalos magenta caen desde lo alto de los árboles y se posicionan en la orilla de un río que contiene agua venturina. Me acerqué para recoger algunas flores pero, al ver el movimiento brusco en la superficie del agua posé la cara a la par casi rozándola, estreché la vista en el fondo y... ?un jaguar peleaba con un hipopótamo! Me alejé de golpe llevándome una mano al pecho. Fingí no verlo para no manipular el sue?o.
Sin rumbo, salté de la agitación a la travesura sobre las ramas caídas, luego sobre las enormes raíces; llegué saltando sobre la base de los árboles a un bosque templado. Tengo el tiempo sobrado para mirar alrededor en lo que decido qué imaginar.
La tierra virgen de un sue?o fantástico es incomparable a cualquier cosa que haya visto antes. El tupido follaje que dejé atrás era aún más salvaje y rebelde que el pelo ma?anero de Pingo, además brillante en verde aguacate. En la altura los árboles cubren el cielo con hojas tiernas que proyectan reflejos de luz iridiscente, abajo la saturación de colores fríos pinta cuadros impresionistas en movimiento. Camino marchando con la agradable sensación que causa ver las madrigueras de crías vulpinas al pie del condominio arbóreo por el que paso, los arcos de madera construidos por los ingenieros castores son magníficos en todo el esplendor de la palabra. Mirando tantas cosas maravillosas no sabía que ver. Cuando levanté la vista la pureza de la luz a través de las hojas me provocó ceguera momentánea, tuve que sentarme a esperar que regresaran los colores; sin embargo, mi foco de atención se centró en un pájaro de alto contraste que acaparó mi atención.
Los mamíferos peque?os están en época donde ense?an a sus crías y estas ven curiosas el mundo por descubrir, casi puedo ver las canas de los padres que tienen que estar pendientes. Las aves están en proceso de cortejo, los caballeros alados hacen realidad imposibles por sus damiselas.
Un peque?o pájaro negro que llamó mi atención talla sin descanso las ramas punteadas de un árbol con un pedazo de algodón. Me acerqué para ver mejor sus movimientos y me llevé una sorpresa con la similitud humana que había en las decoraciones finas que grababa en su territorio.
— Hola pajarito, ?por qué tallas con tanta prisa este árbol que ya se ve perfecto?
El pajarito ignoró mi llamado por completo y siguió tallando la rama con vehemencia. Su pico desgastado pulió la corteza con maestría. Iba dando peque?os saltitos a todos lados.
— ?Te ha comido la lengua un gato, o tal vez un conejo?
— ?Qué osada al atreverte insultar al príncipe Therial!— exclamó con molestia. Indignado descendió desde la altura con el pecho inflado.
— Tienes razón al decir que soy muy osada, así que... ?de qué reino eres príncipe?
—Ja, es la primera vez que conozco una hembra tan ignorante para desconocer a los descendientes del sol pero, lo dejaré pasar ya que insistes en aceptar mi cortejo.
Siguió ignorando mis preguntas, no tenía gracia que esta peque?a cosita me insultara sin reservas; por lo que, decidí burlarme de él. Me incliné en una gran reverencia, —lo siento su alteza, creo que no es buena idea. Mi marido y yo disfrutamos comer aves peque?as y hermosas, de hecho salí en busca de su comida favorita para sorprenderlo. No creo que alguien de tu especie disfrute ser amante de quien puede amanecer con hambre y devorarlo en cualquier momento.
—Tsssk, que hembra tan desagradable eres. Seguro perteneces al linaje del rey tigre o al del gran rey leopar-; ráfagas frías azotaron contra viento, las hojas lejanas en el cielo se estremecieron redoblándose hacia dentro. Una mala sensación recorrió el bosque tan rápido como la luz y alertó a todas las criaturas.
—?Trajiste contigo las sombras devoradas de hombres?
— ?Nos has traído la muerte hembra mala!
No entendí una palabra de lo que dijo; en cambio todos a mi alrededor lo entendieron a la perfección. Las madres zorro tomaron a sus cachorros en el hocico y los padres tomaron a las madres de sus hijos. ?Saltaron! Se elevaron muchos metros hacia el cielo casi alcanzando la copa de los árboles, la imagen de los zorros volando en lo alto alcanzó su punto máximo de aceleración y descendieron a una gran velocidad como halcones en caída libre. SPLASH.
Las familias de zorros se estampan como gotas en el suelo. Salen chispas en catarsis de colores dibujando pinturas de familias completas al momento, después el bosque queda plasmado de obras inéditas asemejando una galería de arte.
Las aves emprenden el vuelo hacia las nubes para escapar de las sombras que ennegrecen el bosque. El ave con la que hablaba hace un momento salió volando rápidamente atravesando el cielo.
—LLAMA A TU MACHO HEMBRA MALA, ANTES DE QUE TE d_v__e la oscu__dad...—. El final de la oración se escuchó medio en borbotones medio como si estuviera bajo el agua con los oídos tapados. La noche cayó sobre mi sue?o. Mis sentidos adormecidos entorpecen mi forma de hablar. No hay luna, ni sol; no hay estrellas, ni movimiento; el predominante verde va perdiendo su color transformado en un manto de niebla azul.
Regreso sobre mis pasos con la imagen clara de mi jefe y Pingo acostados a lo largo de mi cama. A lo lejos veo el lago del principio proyectando una luz plateada con la intensidad de una lámpara, hipnotizante, así como la primera vez detuve mi camino.
Me me asomé al agua. El lago me reflejó como un espejo y una turbulencia extra?a movió la superficie clara, mi imagen se disolvió. Personas que jamás volvería a recordar tan vívidamente por más que lo intentara surgieron desde el fondo como una película, me generó sensaciones poderosas el rememorar con claridad anhelos olvidados, volver a oír su voz, y volver a percibir su olor; en tanto más veía más codiciosa me hice, deseaba poseer la esencia del pasado que se me mostraba en el espejo de agua pero, los remordimientos plantados en mí fueron leídos rápidamente por mi corazón y supieron desarrollar todo mejor que lo vivido; miraría atrás para vivirlo una vez más de no ser porque ninguno de mis seres queridos querría volver a verme. Todos estos recuerdos iban acompa?ados de mucho dolor, y este lugar da la sensación de alguna barrera inmaterial que me protege de mi propia vergüenza.
Estuve observando durante mucho tiempo la ciudad hundida. Autoconsciente del recuerdo modificado las emociones que se apoderaban de mí se enfriaron. Un escalofrío me atoró el corazón. Por primera vez en unas horas las sensaciones adormecidas captaban estímulos de los alrededores, iban lentamente, siguiendo ruidos invisibles a la expectativa de espectros blancos que se asemejaran al sol.
— ... ... Aran... ... ... Cano!....— Alguien llama mi nombre.
— despierta... ... ... ??Aran!!— Mi jefe me está llamando. Seguí el camino hacia su voz y desperté recibiendo la mirada pálida de ambos. Trate de calmarlos pero mi voz rasposa emitió algo parecido a un lamento.
—No hables, es normal que te duela después de haber gritado tanto.— No estábamos en mi habitación, ni en mi casa; me encontraba en la recepción de la carnicería y seguíamos en pijama, alcé con dificultad mi mano tratando de llevarla hacia mi cara, la cual se quedó a medio camino e involuntariamente reposó sobre mi estómago. Todavía seguía dormido mi sentido del tacto pero pude sentir mi ropa rasgada y el sudor que me provocaba temblor. No pude moverme o gritar, el frío del piso traspasaba las telas haciendo doler mi espalda como el infierno.
Aunque el jefe siempre había parecido inofensivo en este momento las alertas se encendieron en mi mente. Temor, dolor, traición. La ira creció de sobremanera en mi rostro y él al verme a los ojos rojos se apartó jalando a Pingo consigo, el miedo con el que pronunció las palabras siguientes me sacó de la injuria.
—Tú... entonces... en verdad la mataste…

