El laboratorio aún olía a piedra quemada.
El humo se había disipado, pero el aire seguía espeso, como si las paredes hubieran decidido retener el recuerdo del fuego. Nadie hablaba de lo ocurrido. Nadie mencionaba Korvenhal.
Dorian caminaba unos pasos detrás del grupo.
Demasiado callado.
El pasillo que salía del laboratorio era distinto a los anteriores. No tenía grietas naturales ni arcos ornamentales. Las paredes eran lisas, cortadas con precisión antinatural. Las juntas entre bloques eran tan perfectas que apenas se distinguían.
Elarith pasó la mano por la superficie.
—No está tallado —murmuró—. Está ensamblado.
Como si cada pieza hubiese sido dise?ada antes de existir.
El pasillo terminaba en una puerta baja, rectangular, sin manilla. Solo una hendidura vertical en el centro.
Grek se acercó primero.
La hendidura reaccionó a su presencia.
No con luz.
Con vibración.
Un zumbido grave recorrió la piedra y la puerta se abrió hacia dentro con un sonido seco.
Más frío al otro lado.
La cámara era peque?a y perfectamente cuadrada. Las paredes no tenían inscripciones decorativas. Tenían registros.
Filas de marcas talladas con exactitud matemática. Columnas. Numeraciones. Diagramas.
No era un santuario.
Era un archivo.
Kael avanzó con cautela.
—Esto no es antiguo en el mismo sentido que el resto —dijo—. Es deliberado.
En la pared izquierda había esquemas de estructuras internas del castillo. Capas superpuestas. Conductos. Núcleos.
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El castillo no era un edificio.
Era un organismo.
Elarith se acercó a los grabados centrales. Había texto, pero no en lengua corriente. Era técnico. Directo. Funcional.
—Intentos de adaptación estructural… —leyó en voz baja—. Respuesta a estímulo externo. Reconfiguración autónoma.
Pasó los dedos por una línea más profunda que las demás.
Modelo G-1
Autonomía elevada.
Inestable.
Eliminado.
El silencio se volvió espeso.
Grek no reaccionó de inmediato.
Solo avanzó un paso.
Sus ojos recorrieron la pared sin parpadear.
Un poco más abajo:
Modelo G-2
Integración exitosa.
Reducción de autonomía comparativa.
Mayor obediencia estructural.
Estable.
Nadie necesitó explicarlo.
Grek habló sin apartar la vista de la piedra.
—?Qué significa reducción de autonomía?
Su voz no tembló.
Eso lo hizo peor.
Elarith abrió la boca. No encontró palabras.
Kael miró a Dorian.
Dorian fue el único que respondió.
—Significa que alguien decidió qué partes tuyas sobraban.
El eco de la frase quedó suspendido entre ellos.
Grek tocó la inscripción del G-2.
Sus dedos eran grandes. Fuertes. Forjados para sostener peso y romper hueso.
En ese momento parecían torpes.
—Entonces hubo otro —dijo.
No era una pregunta.
—Sí —respondió Elarith.
La palabra “eliminado” parecía más profunda que las demás. Como si hubiera sido tallada con mayor presión.
Como si hubiera requerido convicción.
Grek retrocedió un paso.
No gritó.
No golpeó la pared.
No preguntó por qué.
Solo inhaló.
Lento.
—?Autonomía elevada significa… voluntad?
Nadie contestó.
El silencio fue respuesta suficiente.
Kael comenzó a revisar los esquemas del castillo para romper la tensión.
—Aquí —se?aló—. No solo dise?aron criaturas. Dise?aron esto. Cada sección responde a estímulos. Si algo sobrevive, se adapta. Si algo falla…
Miró la palabra en la pared.
Eliminado.
Elarith sintió el ojo arder.
No dolor.
Presión.
Como si algo estuviera mirando a través de él.
Por un instante vio el esquema completo superpuesto sobre la habitación real. Conductos invisibles recorriendo el techo. Cámaras dentro de muros sólidos. Un núcleo central pulsando en la profundidad.
Parpadeó.
La visión no desapareció del todo.
Las venas de su mano derecha oscurecieron un tono más.
Dorian lo notó.
—?Lo viste otra vez?
Elarith asintió.
—Está… vivo.
—No —corrigió Kael—. Está aprendiendo.
Grek seguía frente a la pared.
—?G-1 murió aquí?
Kael examinó el suelo.
Había marcas.
Ara?azos profundos en la piedra.
No recientes.
No antiguos.
Persistentes.
—Si fue eliminado —dijo Kael—, no fue de forma pacífica.
Dorian observó las marcas en silencio.
Algo en su expresión cambió.
No culpa.
Reconocimiento.
Como si entendiera demasiado bien lo que significa decidir qué partes sobran.
El aire volvió a vibrar.
No fuerte.
Sutil.
Un pulso que recorrió el suelo y subió por las paredes.
El archivo respondió a su presencia.
O a lo que habían comprendido.
Desde el pasillo exterior llegó un sonido.
Rasgado.
Una garra contra piedra.
Lento.
Deliberado.
Grek levantó la cabeza.
—No estamos solos.
El sonido volvió a repetirse.
Más cerca.
Kael apagó la linterna.
Oscuridad parcial.
Solo la tenue luz del ojo de Elarith iluminaba la cámara.
El castillo había registrado su descubrimiento.
Y estaba respondiendo.
Las garras rasgaron el suelo del pasillo una vez más.
Esta vez justo al otro lado de la puerta.
La hendidura vertical comenzó a cerrarse lentamente.
Como un párpado.
Y algo respiró en la oscuridad.

