El sonido metálico de cada paso resonaba con fuerza, haciendo vibrar el suelo y las paredes a su paso.
—Mi se?ora —dijo Tana con una sonrisa ladeada—, su monta?a de acero al parecer ya se acomodó y vino a verla.
Antes de que Caria pudiera responder, las puertas de la habitación se abrieron de punta a punta con un estruendo poco delicado. Una figura femenina, envuelta en una armadura robusta, se asomó con energía desbordante, buscando a Caria con la mirada.
—?Mi se?ora! ?Por fin la encuentro!
El aire cambió.
La armadura que acababa de entrar brillaba con un fulgor templado, reflejando cada rayo de luz como si el metal mismo recordara las batallas libradas. Su falda escarlata, bordeada en oro, ondeaba al ritmo de sus pasos decididos. En el cinturón portaba una maza ornamentada, y en la espalda, un escudo ancho con el emblema de la Casa Sungley grabado en relieve, marcado por peque?as mellas que delataban un uso real y constante.
Su cabello rubio, atado en una coleta alta, caía como una llama dorada sobre la armadura. Bajo el acero y la disciplina se adivinaba la nobleza de su linaje, pero también la dureza de una mujer que había visto morir a demasiados camaradas.
Era Holley, guardiana jurada de Caria desde la campa?a contra el Rey Demonio. A pesar de haber nacido noble, había renunciado a los lujos de su casa por seguir a quien consideraba su verdadera inspiración.
Su mirada, normalmente firme y serena, ahora estaba cargada de una emoción contenida: alivio, culpa y una devoción profunda que apenas lograba ocultar.
—Mi se?ora Caria... —dijo con la voz temblorosa mientras se arrodillaba frente a ella—. Perdóneme por no haber estado aquí en su parto. Mi deber con el lord me mantuvo lejos, pero mi corazón... mi corazón jamás abandonó su lado.
Caria suspiró con suavidad y sonrió, mirándola con afecto.
—Ay, Holley... —dijo con tono cálido—. Aprecio muchísimo tu devoción, pero venir corriendo con todo tu armamento equipado hizo temblar toda la habitación. Por suerte el peque?o Kael, extra?amente, no se asustó... pero bueno, me alegra que hayas llegado sana y salva.
Holley levantó el rostro con determinación renovada.
—De ahora en adelante no me despegaré de usted.
Ya más calmada y centrada, Holley logró relajarse y, por fin, entrar en un modo más pacífico. Sus ojos, casi de forma automática, se desviaron hacia la peque?a figura que descansaba en brazos de Caria.
Con cuidado y en silencio, se acercó para observarlo con mayor detenimiento, inclinándose apenas.
—Mi se?ora... —murmuró—, usted es increíble... hasta fabricando un peque?o Laret.
Caria rió suavemente.
—?Tú crees que se parece mucho a él? —preguntó con una mezcla de orgullo y ternura.
—Ya lo creo —respondió Holley—. Tiene el mismo color de pelo y ojos. Ojalá no se vuelva un tonto con cerebro de mono como su papá.
Tana no logró contenerse.
—Pffff... ?ajajjajajajaja!
—Ay, Holley... —dijo Caria negando con la cabeza—. Siempre tan expresiva y sincera...
Holley se quitó los guantes de la armadura y, con las manos desnudas, como una más del culto malvado de las aprieta-cachetes, procedió sin piedad. Sujetó los cachetes de Kael y comenzó a apretarlos mientras lo llenaba de besos.
—?Kyaaaa! Es tan suavecito y esponjocito... ?quién es la papa enojona más linda? >///<
Kael pudo confirmar, sin lugar a dudas, que estaba pagando los pecados de su vida pasada.
Este era el infierno... y tenía forma de demonios aprieta-cachetes.
Kael (pensamiento):
NOOOOOOO. ??Cómo no me va a provocar llorar si esto está lleno de viejas locas que no me dejan en paz!?!?!?!
—Ya ves lo que haces, Holley —dijo Caria con una sonrisa resignada—. Lo hiciste llorar...
—Perdón, mi se?ora... —respondió Holley bajando la cabeza, aunque claramente sin arrepentimiento real.
—Me lo llevaré un rato a pasear por el pasillo mientras se alista para el banquete, mi se?ora —intervino Tana—. Así tendré a esta papa enojada tranquila antes del banquete.
—Gracias, Tana —asintió Caria—. Te lo encargo.
Luego miró a Holley—. Mientras tanto, tú ayúdame a ponerme el vestido.
—?Será un gusto, mi se?ora!
Ya pasados unos minutos en el pasillo, Kael pudo finalmente desactivar su método de defensa anti-apretón de cachetes. Tana lo acunaba con dulzura, sosteniéndolo con cuidado mientras avanzaba por el corredor de la mansión. El lugar estaba iluminado por antorchas y lámparas de aceite, cuyos reflejos danzaban sobre las paredes de piedra pulida, proyectando sombras suaves y tranquilizadoras.
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Tana tarareaba una melodía lenta y antigua, casi un arrullo, que se mezclaba con el eco distante de pasos, risas y voces provenientes del salón principal. El vaivén constante y el tono cálido de la canción lograron calmar al peque?o... hasta que algo captó su atención.
Kael, mirando por sobre el hombro de Tana, notó una figura al fondo del pasillo.
Su cuerpo se tensó.
Una silueta se movía con una agilidad y un sigilo que ni siquiera los guardias parecían percibir. Las orejas triangulares sobresalían con claridad, la cola se balanceaba con un ritmo felino perfectamente controlado, y unos ojos dorados reflejaban la luz con precisión depredadora.
Kael (pensamiento):
No puede ser... ?un hombre-gato! ?Pongo mi cara del Shrek! ?Malditos furros!
Tana, completamente ajena a la crisis existencial de su bebé, giró apenas para saludar... y casi se le cayó Kael del susto.
—?Mi se?or Enta! —exclamó con una sonrisa nerviosa, ajustando el agarre—. Qué gusto verlo. Me alegra muchísimo que haya regresado sano después de acompa?ar al lord en la cruzada.
El recién llegado inclinó la cabeza con elegancia natural. Su voz era grave, pero suave, cargada de una calma felina que imponía respeto sin esfuerzo alguno.
Vestía un atuendo sobrio y elegante, un traje oscuro de corte impecable que se ajustaba a su complexión atlética sin restringir sus movimientos. La tela, densa y mate, parecía dise?ada más para resistir miradas que impactos, como una armadura civilizada para un depredador que había aprendido a moverse entre reinos y salones con la misma soltura que en la selva. Una corbata de tonos profundos cruzaba su pecho, aportando un contraste calculado, casi provocador.
Era Enta, del linaje de los hombres-leopardo, guerreros natos del Reino de las Bestias. Su especie era conocida por equilibrar la fuerza del león con la agilidad del jaguar y, en su caso particular, también por una inteligencia que rozaba la malicia.
Durante la cruzada contra el Rey Demonio había combatido codo a codo junto a Laret, y de aquella campa?a nació una amistad improbable entre un noble humano y un cazador bestial.
Lo que pocos sabían era que Enta había decidido no volver a su tierra natal. Huyó... o más bien, se escapó con estilo, de sus responsabilidades familiares, instalándose en la Casa Sungley, donde encontró una vida tranquila, buena comida y, lo más importante, cero sermones paternos.
Con una sonrisa afilada, Enta saludó con una cortesía casi teatral.
—Dama Tana... —dijo—. Y veo que este peque?o ya despierta el instinto protector de todos en la mansión. Me alegra saber que el hogar sigue tan animado como siempre.
Kael (pensamiento):
No solo es un gato gigante... ?es un gato refinado! ?Qué sigue? ?Un hombre-perro con corbata? Este mundo me quiere trolear.
Enta, bastante impresionado por el joven amo que no dejaba de mirarlo fijamente, inclinó un poco la cabeza.
—Al parecer le llamé mucho la atención a este curioso peque?o...
—Aprrruuuuuuubbbbsbsbs... —balbuceó Kael sin control alguno.
Tana abrió los ojos con sorpresa y emoción.
—?Ohhh! ?El joven amo hizo su primera expresión! —exclamó—. ?Kyaaa, qué lindo! >/////<
Luego miró a Enta—. Mi se?or, parece que usted le agradó mucho.
Kael (pensamiento):
?Carajo! Por la exaltación intenté hablar y mis cuerdas bucales aún no están bien desarrolladas. Literal... ?balbuceé como un BEBé!
Enta ladeó ligeramente la cabeza.
—?Puedo cargarlo, mi lady?
—?A mí? —respondió Tana, sorprendida—. Ay, perdón... digo, al peque?o Kael. Sí, claro.
Con un gesto cuidadoso y respetuoso, Enta pidió cargar al peque?o. Sus movimientos eran firmes pero delicados, como los de alguien acostumbrado tanto a la batalla como a tratar con algo frágil.
—Pero qué peque?o más hermoso... —murmuró—. Aunque veo esos cachetes medio rojos. Al parecer hay una secta de demonios aprieta-cachetes en esta mansión...
Sonrió apenas—. Creo que necesitarás un guarda personal que te proteja.
Kael (pensamiento):
?SE?OR GATO, LO AMO! ?LLéVEME CON USTED! ?Estas viejas locas me van a romper la cara!
—Prrbrbrbr... —balbuceó Kael, seguido de una risa desordenada—. ?Ha, ha, ha!
Tana se quedó mirándolo, sorprendida y un poco herida en su orgullo.
—No puede ser... el joven amo nunca nos puso esa cara a nosotras... qué injusto...
Suspiró, pero sonrió—. Aunque no puedo evitarlo, se ve tan bonito sonriendo y riendo >////<
Mientras Enta y Tana conversaban, se acercaban Caria y Holley, atraídas por la risa del bebé que resonaba por el pasillo.
—?NO PUEDE SER! —exclamó Caria—. ??QUé HICISTE, ENTA!? ??CóMO LOGRASTE HACER QUE RIERA!?
—Y no solo eso, mi se?ora —a?adió Tana—. Apenas lo vio empezó a balbucear y a moverse para estar con él.
Holley cruzó los brazos, frunciendo el ce?o con teatral desconfianza.
—Mendigo gato astuto... —dijo—. Será mejor que reveles toda la información que tienes acerca de cómo hacer reír papas enojadas...
Enta alzó se expreso con fingida rendición.
—Me encantaría proporcionarles toda la información sobre este conocimiento secreto —respondió—, pero ni yo sé qué hice para que no se quiera despegar de mí...
A la escena se sumaron poco después Ken y Laret, atraídos tanto por el revuelo como por la risa inconfundible de un bebé que parecía haber descubierto una nueva fuente de felicidad. Sus pasos resonaron por el pasillo, mezclándose con el murmullo general de la mansión que se preparaba para el banquete.
—Oye, Enta —dijo Ken con una sonrisa ladina—, eso es una se?al... el mundo te está diciendo que será mejor que empieces a hacer peque?os gatitos.
Rió con ganas—. ?Jajajajajaja!
Laret observó la escena con una expresión tranquila, cargada de orgullo contenido al ver a su hijo tan animado en brazos de su viejo camarada.
—Parece que mi hijo te agarró mucho cari?o, Enta —dijo con sinceridad—. Me alegra que todos hayan regresado bien de esta misión.
Enta inclinó ligeramente la cabeza, mostrando respeto.
—Ha sido un honor ayudar en esta cruzada, mi se?or —respondió—. Siempre será un gusto poder ayudar aquí... esta casa siempre ofrece nuevas experiencias y emociones cada día.
El pasillo se llenó de un ambiente cálido y familiar. Risas, comentarios cruzados y miradas cómplices se mezclaron mientras Kael seguía balbuceando feliz, completamente ajeno al significado de aquel momento, pero sintiendo de alguna forma la armonía que lo rodeaba.
Entonces Caria dio un paso al frente, observando a todos con una sonrisa amplia.
—Ya es hora del banquete —anunció—. ?Qué tal si vamos a comer y a divertirnos?
Sus ojos brillaron con curiosidad—. Quiero saber todo acerca de con qué monstruos pelearon.
El grupo comenzó a avanzar lentamente hacia el salón principal, recorriendo los amplios pasillos de la mansión mientras compartían anécdotas, risas y comentarios animados. Las luces se volvían más intensas a medida que se acercaban al corazón del lugar, y el aroma de la comida comenzaba a colarse en el aire.
Kael, aún en brazos de Enta, observaba todo con ojos curiosos, balbuceando de vez en cuando, como si quisiera participar en la conversación.
—Oye, Enta... —retomó Ken con tono conspirador mientras caminaban—, ?estás seguro? Esto es una se?al... el burdel de la ciudad tiene unas mujeres bestias bien buenas.
Le dio un codazo—. Yo creo que es tu momento de brillar.
Enta frunció apenas el ce?o, claramente incómodo.
—Lo siento, Ken —respondió con calma—, pero a mí no me gustan ese tipo de lugares...
—Prrbbrbrbrbrb... —balbuceó Kael, seguido de una risa—. ?Ha, ha, ah, aha!
Ken abrió los ojos con exageración.
—?Pero mira al joven amo! —exclamó—. ?A él sí le gustó la idea! ?Ves? ?Es una se?al!
Tana se detuvo en seco y lo miró con expresión peligrosa.
—Ken, si sigues insistiendo con ese tipo de cosas, probaré mi nueva olla de hierro fundido en tu cabeza.
Laret asintió con total naturalidad.
—Sí, Tana, tú dale nomás. Qué interesante nuevo platillo estás planteando.
Holley sonrió de lado, claramente disfrutando la idea.
—Si quieres te ayudo —a?adió—. Me encantaría probar unos huevos revueltos en esa sartén... con la cara marcada de Ken.
La risa general estalló mientras continuaban avanzando, el ambiente ligero y familiar cerrando la escena con un calor humano que contrastaba con las duras batallas que habían dejado atrás.

